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Colegio Fray Luis de León La experiencia de crecer en comunidad

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Agustinos Recolectos

Evangelio Dominical

 
 
 

I Domingo de Adviento: Alzad la cabeza

Para algunos habrá sido como un suspiro. Otros pensarán que ha sido eterno. El caso es que nos encaminamos a la recta final de este año. Los últimos treinta y un días de este 2021 al que esperamos como agua de mayo como el primero después de la pandemia y que ha resultado ser el segundo de pandemia; eso sí, menos agresiva gracias a las vacunas.

En este contexto social de recapitulación de lo que ha sido este año, en lo religioso nos tenemos que esforzar en lo contrario, en soñar, en ilusionarnos, en avivar el fuego de la esperanza para evitar que se ahogue por las cosas que no nos salen como queremos y que están empezando a ser un lastre a la hora de levantar el vuelo cada día.

Llega el momento de soñar, de inflar los pulmones con el frescor de lo que año a año vuelve a repetirse, vuelve para ver si esta es la definitiva y logra renovarnos. Dejemos las rutinas y los recuerdos para las sobremesas, el café de media mañana, la cola del supermercado o el trayecto en ascensor. Las batallitas para los nietos, los sobrinos o las conversaciones con el peluquero. Lo importante son los sueños, las ilusiones, las metas, la sana insatisfacción que nos mueve a levantar continuamente la cabeza para seguir mejorando. Esta es la base de una vida estudiantil o laboral sana y, también, de una jubilación activa que nada tiene que ver con sentarse en un sofá a conjugar el verbo quejarse mientras examinamos a ver si por casualidad hoy nos duelen las pestañas. Los sueños son para todos: jóvenes, mayores, ancianos, estudiantes, casados, solteros, frailes, monjas, mediopensionistas…

En clave de sueño, de ilusión, de imaginación tenemos que afrontar el Adviento. El Adviento es un tiempo de deseo, de nostalgia, de nervios, de espera. No es ni mucho menos el aburrido volver a empezar en el tiovivo de la vida. El Adviento es un tiempo fuerte para darle a Dios el derecho de hablar. El Adviento es un tiempo precioso para prepararnos a re-encontrar a Dios en nuestra vida y en la vida de todos aquellos que nos rodean. Es un tiempo para dejar que Dios nazca en nosotros y encuentre un lugar para quedarse para que podamos acariciarlo y acunarlo. Y en Él lo hagamos con todos los que se sienten golpeados por la vida o helados por una soledad incomprensible.

Es Adviento y no hay que dormirse en los laureles, pero, sobre todo, no hay que mirar para otro lado, Alzad la cabeza, se acerca vuestra liberación, nos dice hoy el evangelio. Lo mismo sucede con el anuncio optimista de Jeremías que traerá de nuevo justicia y derecho en medio de la opresión. Tanto Jesús como Jeremías nos están desentumeciendo el cuello para que levantemos la vista de nuestra rutina, del pasado que nos da seguridad o alimenta nuestra amargura por todo lo que no pudimos lograr. No es un grito rancio y caduco sino una continua invitación a levantarnos, a estar despiertos porque algo muy importante va a suceder

¿Quién renuncia a soñar? ¿Quién no ansía una vida mejor? A veces esto le sucede a quien solo confía en sus fuerzas y se ha cansado de verse aplastado por sus propios miedos. No seamos mediocres. Si tienes ganas de dejar de soñar no dejes de sentir como un grito en tu interior esta frase del evangelio de hoy: Alzad la cabeza, se acerca vuestra liberación

Pues desde hoy y hasta Nochebuena tenemos tiempo para aprender a descubrir una vez más que la única manera de vivir al máximo nuestra vida es dejándonos renovar y esperando con todas nuestras fuerzas la llegada del Dios-con-nosotros. No dejes de repetir, de gritar, de orar: Ven Señor Jesús.