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Colegio Fray Luis de León La experiencia de crecer en comunidad

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Agustinos Recolectos
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Santo del Día

 

29 de Noviembre: S. SATURNINO, MÁRTIR EN LA VIA SALARIA NUEVA

Es uno de los infinitos mártires de los primeros siglos. De Saturnino, originario de Cartago, habla el Papa San Dámaso, que recuerda su exilio en Roma a causa de su fe bajo el emperador Decio y, por lo tanto, su muerte cruel acaecida en el 304 bajo Maximiano.  
 

30 de Noviembre: SAN ANDRÉS

Sant'Andrea

El primero que recibió la llamada de Jesús

“Hemos encontrado al Mesías”. Impecable y satisfactoria alegría es la que se siente como cuando se descubre que se alcanzó la meta deseada por tanto tiempo.  Es así como se sienten las palabras de Andrés en el Evangelio de Juan, cuando corre al encuentro del hermano Simón para contarle su emoción de haber sido llamado, “el primero”, por Jesús. Pescador de Betsaida de Galilea, discípulo de Juan Bautista, Andrés reconoce en el hijo de José el carpintero, “al cordero de Dios”.  La narración del evangelista graba la hora de aquel encuentro que, ante el río Jordán, marcó para siempre su existencia: “eran casi las cuatro de la tarde”.

Dejó inmediatamente las redes y lo siguió

“Maestro ¿dónde vives?”. La respuesta de Cristo a la pregunta de Andrés  y de un compañero suyo llega pronto: “Vengan y verán”. Una invitación a la cual no es posible decir que no y que prefigure la siguiente llamada,, más explícita, que le dirige Jesús a la orilla del mar de Galilea también a Simón: “Sigánme, los haré pescadores de hombres”. Ambos quedan sacudidos, pero no dudaron, y como cuenta el evangelista Mateo, “dejaron las redes de inmediato y lo siguieron”.

Desde aquel primer cruce de miradas, espiritualmente abrumador, surge un camino de fe, una secuela de Cristo en la cotidianidad. Andrés es en efecto uno de los doce, que el Hijo de Dios escoge como amigos más íntimos. Debió de haber sido abrumador asistir a la multiplicación de los panes y los peces: incrédulo del milagro, mirando la muchedumbre hambrienta y a los cinco panes de cebada y los dos peces a disposición se pregunta ¿qué es esto para tanta gente?”.

Patrono en Rumania, Ucrania y Rusia

Jesús aumenta cada día más la fe del apóstol cuando, junto a Pedro, Santiago y Juan, los conduce al Monte de los Olivos y responde a sus preguntas sobre los signos de los últimos tiempos. Se sabe que Andrés le lleva al Mesías algunos griegos deseosos de conocerlo, pero los Evangelios no revelan otras noticias seguras al respecto. Los Hechos de los Apóstoles refieren que junto a otros compañeros se dirigió hacia Jerusalén después de la Ascensión. El resto de la narración de la vida del santo se confía a los textos no canónicos y apócrifos. “Tú serás un pilar de luz en mi reino”, le habría dicho Jesús a Andrés según un antiguo escrito copto.

Escritores cristianos de los primeros siglos refieren que el apóstol, habría evangelizado Asia menor y las regiones que atraviesa el Mar Negro, llegando hasta el Volga; en efecto hoy día es honrado como el patrono en Rumania, Ucrania y Rusia.

Mártir en la cruz  decussata

La predicación de la Buena Nueva continua incansablemente en Acacia y, cerca del año 60 en Patrasso, Andrés afronta el martirio: colgado en una cruz que él quiso en forma de  X, como para evocar la inicial griega del nombre de Cristo, antes de exhalar el último respiro, según la Leyenda Aurea, él habría pronunciado estas palabras: “Cruz, santificada del cuerpo de cristo. Cruz buena, deseada por tanto tiempo, desde siempre te he amado y deseo abrazarte. Acógeme y llévame a mi maestro”. 

 

1 de diciembre: S. ELIGIO, OBISPO DE NOYON

s. Eligio, obispo de Noyons. Eligio, obispo de Noyon  (© Diocesi di Bergamo)

Orfebre generoso

Nacido alrededor del 588, originario de Chaptelat en Limousin, el “buen San Eligio” pertenecía a una familia acomodada de campesinos, que trabajaban su propia tierra a diferencia de tantos propietarios terratenientes, que se lo encargaban a los esclavos. Dejó a uno de sus hermanos al cuidado de la tierra y entró como aprendiz de orfebrería en un taller donde se fundía la moneda real según los antiguos métodos romanos. Ahorró una parte de los réditos provenientes de su familia, y los utilizó para la caridad con pobres y esclavos. Era tan hábil con los esmaltes como con la fundición del oro. Estas cualidades profesionales iban aparejadas con una honestidad escrupulosa. Cuando le pidieron que realizara un trono de oro para el rey Clotario II (613-629), le hizo otro con el oro sobrante, que no retuvo para sí.

Al servicio del rey

Este gesto, extraordinario para la época, le valió la confianza del rey que le pidió que se quedara en París como orfebre real, funcionario de la Tesorería real y consejero de la corte. Nombrado “monetario” en Marsella, rescatará a muchos de los esclavos que se vendían en el puerto. Cuando Dagoberto fue proclamado rey en el 629, es reclamado a París, donde dirige los talleres del reino franco en los que se acuña la moneda, que se encuentran sobre el Quai des Orfèvres, junto a la Rue de la Monnaie actual. Recibe entre otros, el encargo de embellecer la tumba de Santa Genoveva y San Denis. Realiza relicarios para San Germán, San Severino, San Martín y Santa Colomba, y numerosos objetos litúrgicos para la abadía de San Denis. Gracias a su honestidad, a su franqueza privada de adulación, y a su capacidad de juicio pacífico, obtiene la confianza del rey, que frecuentemente lo hacía llamar a su lado, hasta confiarle una misión de paz con el rey bretón Judicaël.

Obispo de Noyon

Eran grandes la piedad y la vida de oración de este laico, que frecuentemente participaba en los oficios monásticos. En el 632 funda el monasterio de Solignac en el sur de Limoges. En vida suya, el monasterio cuenta ya con más de 150 monjes que respetan dos reglas: la de San Benito y la de San Colombano; el monasterio queda bajo la protección del rey y no de la del obispo. El fervor religioso y el ardor en el puesto de trabajo lo convierten en uno de los monasterios más prósperos de su tiempo. Un año después de la fundación de Solignac, funda en su casa de L’Ile de la Cité, el primer monasterio femenino de París, cuya dirección confía a Santa Aurea. Después de la muerte de Dagoberto, al cual asiste en los últimos momentos de su vida, Eligio deja la corte junto a San Audeno, que había desempeñado el cargo de consejero y canciller. Como él, sigue la carrera eclesiástica y es ordenado sacerdote; el mismo día, el 13 de mayo del 641, reciben el episcopado: San Audeno, obispo de Rouen y Eligio obispo de Noyon y Tournai. Eligio puso todo su celo en la misión apostólica. Muere en el 660, la vigilia de su partida hacia Cahors. La santa reina Batilde, había emprendido el viaje para saludarlo, pero llegará demasiado tarde.

Una Iglesia de San Eligio en París

En París, se le dedica una Iglesia en el barrio de los herreros, de los ebanistas; la Iglesia de san Eligio, reconstruida en 1967. Una Iglesia destruida en 1793, le había sido dedicada en la Rue des Orfèvres junto a la “Casa de la moneda”. En la Catedral de Notre-Dame, en la capilla de Santa Ana, una vez sede de su confraternidad, los orfebres y joyeros de París, han ubicado su estatua y restaurado su altar.

 

 

2 de diciembre:  S. SILVERIO, PAPA

La vida de Silverio está señalada por diversas controversias, empezando por el lugar de su nacimiento, disputado -según las distintas fuentes- entre Frosinone, de la que es actualmente patrón, y la vecina localidad de Ceccano, donde no hay rastro de un culto dedicado a él. Nombrado 58º Papa de la Iglesia de Roma por voluntad del rey Ostrogodo Teodato, su pontificado duró sólo un año debido al estallido de la guerra greco-gótica entre Constantinopla y los Ostrogodos, que duró por 18 largos años.

Una designación muy controvertida

El 22 de abril de 536 el Papa Agapito I murió en Constantinopla, abriendo, de hecho, las disputas en Oriente y Occidente por la elección del sucesor. En medio del descontento generalizado y, según la primera parte de la biografía del Liber pontificalis, el rey Ostrogodo Teodato impuso como Papa a Silverio, que en ese momento sólo era subdiácono, un ministerio eclesial considerado "demasiado bajo" para acceder directamente al ministerio del sucesor de san Pedro. Junto a la designación del diácono Silverio como Papa, el rey Teodato, amenazaba con sofocar por la fuerza cualquier oposición proveniente de la nobleza o del clero. Por tales motivos, todos debieron callar y obedecer, poniendo buena cara ante tan violenta imposición. En medio a este triste cuadro de la Iglesia de Roma, apareció también Teodora, que era la esposa de Justiniano, el emperador romano de Oriente, y que defendía la herejía monofisita y que se oponía a la designación de Silverio como Papa, pues ella ya había dispuesto que el sucesor de Agapito habría sido Vigilio, su fiel servidor.

¿Qué era la herejía monofisita?

El monofisismo fue una doctrina teológica desarrollada alrededor del año 400 por el archimandrita Eutico, el abad de un monasterio de Constantinopla que, en práctica, reconocía sólo la naturaleza divina de Jesucristo. Según esta doctrina teológica la naturaleza humana de Jesús se "con-fundió" con la divina cuando "fue absorbida" por el Verbo divino y como resultado "se disolvió" en la naturaleza divina. El monofisismo perdió así el auténtico significado de la unión hipostática consustancial, sin con-fusion, de la persona divina del Verbo con la naturaleza humana real del hombre Jesús. La afirmación de que la naturaleza divina de Jesús fuera su única naturaleza (mono-physis), desconoció de hecho su doble naturaleza divina y humana y, por ello, fue calificada como herética en el Concilio de Calcedonia en el año 451. Aún así, esta doctrina consiguió reunir muchos prosélitos en torno a los siglos V y VI, provocando el cisma de las iglesias copta, armenia y jacobita de Siria; separación doctrinal que perdura hasta el día de hoy.

Un complot fraguado en Oriente

Además de los problemas doctrinales asociados al monofisismo en Oriente y Occidente, la situación se complicó aún más desde el punto de vista político en la península itálica: disputada en ese entonces entre las fuerzas de Constantinopla y las de los Godos invasores. Obviamente, las consecuencias de tales conflictos recayeron también en el ámbito religioso durante el pontificado de Silverio. El emperador Justiniano declaró la guerra a los Ostrogodos enviando a su mejor general, Belisario, que consiguió llegar a Roma, y en su camino hizo que Vitiges, el nuevo rey Ostrogodo que había sucedido a Teodato, se refugiara en Rávena. En este contexto, Teodora siguió librando su batalla personal contra Silverio, intentando que este suavizara su posición a favor del monofisismo, pero al no conseguirlo, urdió un complot: hizo circular una carta falsa donde Silverio prometía abrir las puertas de Roma para que el rey de los Godos Vitiges, entrara para liberarla de los bizantinos. Silverio puso en claro tales falsedades y dejó el Laterano para recluirse en la Basílica de santa Sabina. Pero tiempo después Belisario, su esposa Antonina y Vigilio, inventaron nuevas acusaciones contra Silverio, que esta vez no se defendió. De ese modo, Silverio fue despojado de sus hábitos pontificios, fue revestido como monje y exiliado a Constantinopla. Ni siquiera el emperador Justiniano pudo hacer nada por él y sufrió el exilio en Patara, en Licia. En su lugar Vigilio tomó su lugar como el nuevo Papa que sí fue complaciente con el monofisismo.

Exilio en la isla de Palmarola

Cuando el obispo de Patara aportó al emperador pruebas irrefutables de la inocencia de Silverio, Justiniano se vio obligado a liberarlo y a hacerlo regresar a Roma. Allí, sin embargo, Vigilio, contratacó y obligó al general Belisario a capturar a Silverio y a deportarlo esta vez a la isla pontina de Palmarola. Fue allí donde Silverio, en un intento de poner fin al cisma entre las Iglesias, decidió abdicar y después de aproximadamente un mes, el 2 de diciembre, murió. La Iglesia universal lo recuerda en ese día. Sus restos mortales, en contra de la costumbre de sepultar a los Papas en Roma, permanecieron en Palmarola, donde es venerado el 20 de junio, día de su llegada a la isla.

 

3 de diciembre: S. FRANCISCO XAVIER, SACERDOTE JESUITA, APÓSTOL DE LAS INDIAS, PATRÓN DE LAS MISIONES

s. Francisco Xavier

Cuarenta y seis años de vida, once de los cuales dedicados a la misión: con razón, San Francisco Javier puede ser considerado un verdadero "gigante de la evangelización". En su existencia, breve pero admirable en la fecundidad misionera, este religioso español logra, de hecho, llevar el Evangelio al extremo Oriente, adaptándolo con sabiduría a la índole y al lenguaje de poblaciones muy diversas entre ellas. Sin embargo, su lugar de nacimiento parece indicarle un camino diferente en su vida.

El encuentro con Ignacio de Loyola y Pedro Fabro

Nacido en 1506 en el Castillo de Javier, en Navarra, en el norte de España, Francisco Javier proviene de una familia noble: su padre, Juan de Jassu, es el presidente del Consejo Real de Navarra. En 1525 Francisco va a París para realizar sus estudios universitarios y en 1530 se convierte en "Magister Artium", listo para su carrera académica. Pero su vida da un paso adelante en la fe: en el Colegio de Santa Bárbara, donde reside, el futuro santo conoce a San Pedro Fabro y a Ignacio de Loyola, con quienes se forma en el estudio de la teología. Al principio, las relaciones, especialmente con Ignacio, no fueron fáciles, hasta el punto de que el propio Loyola definió a Francisco como "el trozo de pasta más duro que había tenido que amasar", pero la vocación misionera ya estaba instilada en el corazón de Javier que, en la primavera de 1539, participa en la fundación de una nueva Orden religiosa, llamada "Compañía de Jesús".

El catecismo "cantado" para niños

Consagrado a Dios y al apostolado, el 7 de abril de 1541 Francisco parte hacia las Indias, por petición del Papa Pablo III que desea evangelizar esas tierras, en esa época conquista portuguesa. El viaje de Lisboa a Goa, realizado en velero, dura trece meses, que se vuelven fatigosos por la escasez de alimentos, el calor y las tormentas. Una vez llegado a Goa en mayo de 1542, Javier elige el hospital de la ciudad como su hogar y como cama aquella junto al paciente más grave. A partir de ese momento, su ministerio será dedicado al cuidado de los últimos, los excluidos de la sociedad: los enfermos, los presos, los esclavos, los menores abandonados. Especialmente para los niños, Francisco inventó un nuevo método de enseñanza del catecismo: los llamaba a reunirse en las calles tocando una campana y luego, una vez congregados en la iglesia, pone en versos los principios de la doctrina católica y los canta con los niños, facilitando así su aprendizaje.

La evangelización de los pescadores de perlas

Además, durante dos años, se dedica a la evangelización de los indios paravas, los pescadores de perlas que vivían en el sur de las Indias: hablan sólo tamil, pero Francisco logra transmitirles los principios fundamentales de la fe católica, llegando a bautizar a 10.000 de ellos en sólo un mes. "Tan grande es la multitud de conversos -escribe- que a menudo me duelen los brazos de tanto bautizar, y ya no tengo voz y fuerza para repetir el Credo y los Mandamientos en su propio idioma". Pero su trabajo de evangelización no se detiene. Entre 1545 y 1547, Francisco Javier llega a Malaca, al archipiélago de las Molucas y a las Islas del Moro, a pesar de los peligros, porque estaba totalmente seguro de Dios.

La llegada a Japón

En 1547, la vida del futuro santo da otro viraje: conoce a un fugitivo japonés, llamado Hanjiro, deseoso de convertirse al cristianismo. El encuentro hace nacer, en Javier, el deseo de ir a Japón, para llevar el Evangelio también a la tierra del "Sol Naciente". Llega allí en 1549 y, a pesar de la pena de muerte vigente para los que administran el sacramento del Bautismo, el religioso español logra crear una comunidad de cientos de fieles.

El "sueño" de China

De Japón a China, el pasaje es casi natural. Javier mira a la "Tierra del Dragón" como una nueva tierra de evangelización y en 1552 consigue llegar a la isla de Shangchuan desde donde intenta embarcarse para Cantón. Pero le viene una fiebre repentina. Exhausto por el frío y la fatiga, Francisco Javier muere en la madrugada del 3 de diciembre. Sus restos son enterrados en un cajón lleno de cal, sin siquiera una cruz para recordarlo. Sin embargo, dos años después, su cuerpo es trasladado, íntegro e intacto, a Goa, a la Iglesia del Buen Jesús, donde actualmente es venerado. Una de sus reliquias -su antebrazo derecho- se conserva en Roma desde 1614, en la Iglesia del Santo Nombre de Jesús.

Canonizado en 1622

Beatificado por Pablo V en 1619 y canonizado por Gregorio XV en 1622, Francisco Javier es proclamado patrono de Oriente en 1748, de la Obra de la propagación de la fe en 1904 y de todas las Misiones (junto con Santa Teresa de Lisieux) en 1927. Su pensamiento se puede sintetizar en una oración que repetía a menudo: "Señor, yo te amo no porque puedes darme el paraíso o condenarme al infierno, sino porque eres mi Dios. Te amo porque Tú eres tú".

 

4 de diciembre: S. JUAN DAMASCENO, SACERDOTE Y DOCTOR DE LA IGLESIA

s. Juan Damasceno, manuscrito siglo XIII

Juan nació en Damasco, Siria, en el seno de una influyente familia de árabes cristianos y, siendo aún joven, heredó de su padre la responsabilidad de la gestión económica del califato. Sin embargo, el hecho de haber estudiado filosofía y teología en Constantinopla junto al monje Cosmo, que había sido llevado a Siria como esclavo, iba a ser decisivo para él: de hecho, al cabo de unos años dejó la vida de la corte por la vida monástica.

La elección de una vida ascética

Estamos alrededor del año 700 cuando Juan elige la vida ascética pues desea vivir el evangelio en manera radical. Y fue así que antes de entrar en el monasterio de san Sabas, a medio camino entre Jerusalén y Belén, Juan y se despojó de todo, distribuyó sus riquezas entre los pobres, dio libertad a sus siervos y peregrinó a pie por toda Palestina. En Mar Sabas se hizo monje junto con su hermano -el futuro obispo de Maiouna-, luego fue nombrado presbítero y ocupó el puesto de predicador titular en la Basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén. Allí pasó casi toda su vida, orando, meditando la Sagrada Escritura y realizando muchas obras de misericordia. Su amor a Cristo fue como la savia que contribuyó para hacer crecer su fe y la de las comunidades cristianas. También con sus escritos, sus obras y sus himnos enriqueció muchísimo la liturgia de la Iglesia de Oriente.

El teólogo de la imagen

En la época en que vivió Juan Damasceno, la veneración de las imágenes sagradas no estaba muy extendida entre los cristianos, debido a una herencia tomada de la tradición hebrea del Antiguo Testamento que prohibía cualquier representación de Dios: "No harás escultura ni imagen alguna de lo que hay arriba en el cielo, o aquí abajo en la tierra o en el agua bajo tierra" (Éxodo, 20, 4); "No te erigirás estatua (Deuteronomio, 16, 22); "Y no pondréis en vuestra tierra piedra con imágenes para inclinaros ante ella" (Levítico, 16, 1). En particular, el emperador bizantino León Isauro había desatado una guerra implacable contra el culto a las imágenes sagradas, por lo que Juan, por encargo del papa Gregorio III, asumió prácticamente a lo largo de toda su vida el papel de defensor a ultranza de las propias imágenes, con diversas iniciativas para contrarrestar la mentalidad iconoclasta. Su principal recurso fue la correcta interpretación teológica de la Sagrada Escritura. Su argumento principal se fundaba en el evento principal de la fe cristiana: la Encarnación del Verbo de Dios, es decir, si el Hijo de Dios mismo se había manifestado como hombre y si de invisible se había hecho visible, de carne y hueso, entonces Jesús era la imagen divina que representaba y hacía presente corporal y visiblemente al mismo Dios invisible. (Cf. Colosenses 1,15). En la catequesis de la audiencia general del 6 de mayo de 2009, Benedicto XVI recordó que Juan Damasceno fue "uno de los primeros en distinguir, en el culto público y privado de los cristianos, entre la adoración (latreia) y la veneración (proskynesis): la primera sólo puede dirigirse a Dios, sumamente espiritual; la segunda, en cambio, puede utilizar una imagen para dirigirse a aquel que es representado en esa imagen. Obviamente, el santo no puede en ningún caso ser identificado con la materia de la que está compuesta la imagen. Esta distinción se reveló en seguida muy importante para responder de modo cristiano a aquellos que pretendían como universal y perenne la observancia de la severa prohibición del Antiguo Testamento de utilizar las imágenes en el culto".

El Santo Tomás de Oriente

Por su profunda cultura teológica y de otras disciplinas profanas, Juan ha sido apodado "el Santo Tomás de Oriente", hasta el punto que León XIII lo proclamó Doctor de la Iglesia en 1890 por su contribución a la doctrina teológica y a la liturgia de la Iglesia oriental. Son famosos sus tres "Discursos contra los que calumnian las santas imágenes". La principal obra doctrinal que dejó fue De Fide orthodoxa, que sintetiza de forma original tanto el pensamiento patrístico griego como las decisiones doctrinales de los Concilios de la época, y que sigue constituyendo un punto de referencia fundamental tanto para la teología católica como para la ortodoxa. También escribió De haeresibus, sobre las herejías cristianas más extendidas de su tiempo. Sus tesis, junto con las de san Germán de Constantinopla, serían convalidadas durante el Segundo Concilio de Nicea del año 787, aún después de su muerte.

El legendario milagro de la mano

Según una leyenda oriental bastante extendida, se narra que san Juan fue el protagonista de un milagro recibido de la Virgen María. Mientras residía en la corte, en un momento dado fue acusado de traición y como sentencia le cortaron la mano derecha. Entonces, Juan rezó intensamente a la Virgen María, representada en un icono. La piadosa leyenda afirma, obviamente sin documentos históricos probatorios, que la Virgen escuchó sus plegarias y le reimplantó milagrosamente la mano. Como agradecimiento a María, el Damasceno mandó hacer una mano de plata y la añadió al icono, dando lugar al culto oriental de la Virgen Tricherusa, es decir, con tres manos. Hoy es claro que el objetivo de esta leyenda edificante no era otro que el de hacer crecer la confianza, la veneración y el amor de los creyentes por la Madre de Nuestro Señor Jesucristo, representada en los iconos orientales.

 

5 de diciembre: ANIVERSARIO DE LA RECOLECCIÓN AGUSTINIANA 

La Orden de Agustinos Recoletos surge en el siglo XVI, cuando algunos religiosos agustinos, bajo el impulso del Espíritu Santo, por un especial carisma colectivo, desearon vivir su vida consagrada con renovado fervor y nuevas normas al servicio de la Iglesia.

El Capítulo de la Provincia de Castilla, celebrado en Toledo el 5 de diciembre de 1588, determinó que en algunas casas se viviera este nuevo modo de vida. A los pocos años de iniciarse la recolección, en 1605, parte la primera expedición misionera a Filipinas.

Los agustinos recoletos son herederos de la forma de vida suscitada por San Agustín (354-430) y asumida en el siglo XIII con espíritu mendicante por la Orden de San Agustín (Gran Unión de 1256). Después de más de tres siglos de historia, en 1912, fueron reconocidos por la Iglesia como orden religiosa autónoma.

Los agustinos recoletos, viviendo la vida fraterna en comunidad, quieren seguir a Cristo, casto, pobre y obediente; buscan la verdad y están al servicio de la Iglesia; se esfuerzan por crecer en la caridad según el carisma de san Agustín y la intensidad propia de la Recolección, movimiento de interioridad y radicalidad evangélica.